Especializados en acciones formativas singulares y coaching, facilitamos el desarrollo de las competencias necesarias para que una persona se sienta más capaz de alcanzar los objetivos que se propone. Sentirnos capaces hace que nos sintamos con el control de qué hacer en una situación; y eso está en la base del bienestar personal y, como consecuencia, del éxito profesional.

martes, 23 de marzo de 2010

Emociones que capacitan

¿Qué son las emociones? Algo tan esencial y tan nuclear en nuestra naturaleza es con frecuencia desconocido, se nos escapa a nuestro entendimiento, incluso las confundimos. No tenemos nombre para ellas o llamamos emociones a los sentimientos o sentimientos a las emociones, o incluso a las sensaciones. Llamamos estados de ánimo a las emociones, y terminamos llamando emociones a todo lo que de alguna forma no podemos justificar con razones.

Las aportaciones de la neurociencia están clarificando un tema que ha sido del dominio de la filosofía y de la ética, e incluso de la religión a lo largo de la Historia. Las emociones son estrategias para responder ante las situaciones. Fruto de millones de años de evolución y ancladas en lo más profundo de nuestros sistemas biológicos, comprometen tanto al pensamiento, como al cuerpo.

Herederos de una cultura cartesiana, donde el dominio de la razón ha determinado el pensamiento, la ciencia, la filosofía, la educación, en definitiva, todos los ámbitos de acción del hombre, nos encontramos ahora descubriéndonos como sistemas en los que la unión de sus elementos es mucho más que la mera suma.

Las emociones vistas desde algunas teorías filosóficas no pueden conocerse más que por su expresión en el comportamiento. Vistas con un criterio ético son buenas o malas. Vistas desde alguna religión son lo que hacen perder a la persona el control de su comportamiento ideal.

Vistas desde la neurociencia, son parte de nuestra química esencial, con un criterio adaptativo son capacitadoras o incapacitadoras. Nos proporcionan respuestas de éxito o por el contrario nos las impiden. Por lo tanto, no hablemos de emociones negativas o positivas. Lo que hace que una emoción nos capacite o no, son cuatro factores: El primero, las cogniciones que la acompañan, es decir, el tipo de pensamientos y diálogos internos que le hemos asociado; el segundo, el tiempo de permanencia, más allá del momento en el que se origina por un determinado suceso; el tercero, la eficiencia de la respuesta; y el cuarto, el valor adaptativo de las respuestas que origina, es decir, si permiten tener éxito en esa situación o no.

Así, una emoción como la rabia puede ser una emoción capacitante cuando activa todo el sistema mente-cuerpo ante una situación que consideramos una amenaza. Por ejemplo, vamos paseando por un parque y un perro se dispone a atacarnos. Ante esa amenaza, todo el sistema se activa para hacerle frente y, por ejemplo, le gritamos, movemos las manos, avanzamos hacia él, buscamos algo con lo que defendernos, en definitiva, generamos todo un conjunto de acciones para hacer frente al peligro. Otra emoción que es vista como negativa y a la que le tenemos “miedo”, es el mismo miedo, y no tiene porqué ser sólo una emoción incapacitante, también puede ser de gran utilidad como señal de alarma para obrar con cautela ante una situación de riesgo en la que no tenemos claro cómo actuar. O la tristeza que puede ser adecuada para facilitar la introspección, y para asumir situaciones de pérdida con equilibrio.

Por el contrario, cualquier emoción puede llevarnos a la incapacidad cuando son reacciones desproporcionadas a la situación o se fijan como un estado emocional, con poca o ninguna variabilidad y desde el que respondemos pase lo que pase.

Las investigaciones de la neurociencia demuestran que en el bucle mente – cuerpo, los elementos clave son las emociones, el pensamiento, los sentimientos y la acción. Cualquiera de estos elementos puede variar y con ello variar la disposición de la persona hacia la capacidad o la incapacidad. Así, nuestros pensamientos influyen en las emociones que a su vez influyen en todo el cuerpo, no sólo en el aspecto obvio de la expresión corporal sino, y es lo más novedoso, en nuestra salud física y mental y, en definitiva en lo que somos capaces de hacer. Y con demasiada frecuencia no somos conscientes de cuáles son nuestros pensamientos, ni la emoción que implican, ni las limitaciones que nos generamos con ello. A veces sólo con tomar conciencia de ellos empieza a cambiar nuestra disposición y podemos ser más capaces de lograr nuestros retos.

"Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras. Cuida tus palabras porque se volverán actos. Cuida tus actos porque se harán costumbres. Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida"
 Mahatma Gandhi
Isabel Aranda
Doctora en Psicología de las Organizaciones
Executive Coach

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