Especializados en acciones formativas singulares y coaching, facilitamos el desarrollo de las competencias necesarias para que una persona se sienta más capaz de alcanzar los objetivos que se propone. Sentirnos capaces hace que nos sintamos con el control de qué hacer en una situación; y eso está en la base del bienestar personal y, como consecuencia, del éxito profesional.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La magia del encuentro

Hoy he sentido unas ganas enormes de escribir. Y no es lo habitual en mí, pues la gran “escribidora” de posts (como dicen aún mis hijas), es mi compañera de viaje: Isabel, “articulista-desarrolladora de contenidos y ahora conferenciante”, como a mí me gusta llamarle.

En las últimas dos semanas he vuelto, o así lo siento, a retomar el hilo de la formación por y para el Coaching: que si el concepto de Humanismo (conferencia de David López), que si la Biodanza (taller con Laura Serrano), ambos gracias a la ICF; que si Rafael Echevarría y Alicia Pizarro y su concepto de Coaching Ontológico (¡gracias Civsem!), que si el regalo de Adela Jiménez Madrid en DBM o Developmental Behavioural Modelling (¡qué gran honor!), que si la reunión de “Experiencias de Coaching” hoy en Civsem (¡y que vaya mi agradecimiento para ellos otra vez!)… Y después de tantas horas, tantos momentos compartidos con otros coaches, otros compañeros de profesión; después de tanto enriquecernos, me gustaría hacer una reflexión aquí, en voz alta, si me permitís.

Incesantemente tengo la sensación de que se busca sobre todo técnicas: técnicas para explorar el problema que trae el coachee, técnicas para cambiar su emoción, técnicas para llevarle a un compromiso, o a veces únicamente para que defina su plan de acción final. ¡Un recetario!

Y sabiamente, a mi entender, decían Echevarría y Pizarro que el éxito de una sesión, de un proceso de Coaching, no había de medirse tanto en cuanto al número o tipo de herramientas o técnicas que se utilizaban, sino más bien por los resultados alcanzados. Igualmente, resaltaban la singularidad de esta profesión por no poder contar con “recetas” previas y válidas para todo el mundo, por la necesidad de aceptar, de verdad, que cada coachee es único. Y cada sesión. Cada encuentro.

Foto: Juan Riera
Y es aquí donde me gustaría pararme, un momento. Que nos parásemos todos los que navegamos juntos en este mar y nos adentráramos en las aguas, preguntándonos a nosotros mismos… ¿por qué (o para qué) pasar por alto precisamente eso, la MAGIA DEL ENCUENTRO?

A mi entender y según mi experiencia, eso es lo que hace realmente única esta profesión: el encuentro. El encuentro y la magia que en él se produce: una amalgama de palabras, emociones, movimientos,… y que fuera de la aplicación de cualquier técnica, es sobre todo eso: un ENCUENTRO. Una oportunidad entre dos seres para enriquecerse (¡porque no neguemos todo lo que los coachees nos aportan!...), una situación única, irrepetible, imprevisible, que bajo nuestro punto de vista carece de un manual de normas, que exige una entrega absoluta por parte del coach, una confianza y un “amor incondicional” hacia el coachee, que es lo que hace precisamente que éste encuentre sus respuestas, crezca, se desarrolle y alcance sus objetivos. ¡Y ésta es la magia!

¿Qué debe hacer un coach para esto? Fluir, creer en esa magia, en esa capacidad de crear nuevas realidades, dejarse guiar por lo que el coachee le sugiere, estar para él, ser humilde y… ¡tener valor! Y valor como las “3 virtudes que debe tener un torero” (como dice Isabel… “vista, valor y huevos”), para entregarnos al otro, entregarles nuestra interpretación de lo que nos da en cada sesión, y valor para equivocarnos… ¡Sí! para equivocarnos. Porque nuestra interpretación debe tener un “valor” añadido, y no ser mero “parafraseo”, como decía Echevarría… Mas sin olvidarnos que efectivamente no deja de ser una interpretación; que puede ser válida o no para el coachee (él o ella dirá), pero que no debemos guardarnos por miedo, por lo que consideramos inútiles condicionantes o restricciones que nos tratan de imponer en algunos contextos, o porque temamos equivocarnos.

¡Ya está bien de querernos amparar en esas técnicas, en esas herramientas que es difícil encontrar, que nadie puede dar…! Se nos está olvidando lo más importante: dejarnos fluir, estar para el otro y CREER EN LA MAGIA DEL ENCUENTRO.

En esto creemos que pasa algo así como con los hijos... O, ¿a alguien le vienen sus coachees con “manual de instrucciones”?
Jane Rodríguez del Tronco
Coach ACC

lunes, 1 de febrero de 2010

Generosidad

Entendemos la generosidad como un acto hacia fuera, un dar tu dinero, tu tiempo, tus cosas a otros, sin pedir nada a cambio.

La R.A.E. lo define como 1. Inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés. 2. Largueza, liberalidad.

¡Qué escasa puede resultar esta definición si la entendemos desde una concepción positiva del hombre, y no sólo como una descripción restrictiva de lo que una persona hace!

Explorando los textos sobre generosidad, vemos que se aplica el término a dar tus recursos: dinero, trabajo y cosas, y ocasionalmente también a entender a los demás. Habitualmente entendemos generosidad como “dar sin pedir nada a cambio”. También podemos entender que el que da se siente gratificado al ver que se acepta lo que da.

En términos éticos la generosidad está bien valorada. Se asocia a la virtud de la caridad, y al altruismo, y la filantropía.
La generosidad es, sin duda, uno de los principios de la interacción humana. Junto a la ley del intercambio están en la base de la vida en grupo, y se han desarrollado gracias a esa inteligencia social que nos ha permitido ser empáticos, cooperar y vivir en sociedad.

Debido a la trascendencia que tiene para la cohesión social, los actos generosos son reforzados por los poderes sociales: partidos políticos, media, y lo convierten en un imperativo, políticamente correcto, y lo denominan solidaridad.

Esta es una generosidad dirigida hacia fuera.

¿Hay otra forma de entender la generosidad?

La Psicología Positiva pone el foco en el desarrollo y el bienestar de la persona, en cómo conseguir la felicidad y el equilibrio. La generosidad puede ser un concepto clave para ello, pero entendido de forma más amplia: dar y darse.

Generosidad es una de las distinciones básicas que utiliza el Coaching. Para muchas personas es dar un significado nuevo y extremadamente útil a esta palabra. Y tuvimos ocasión de comprobarlo cuando estudiábamos para certificarnos como Coaches. Una de las ideas que más impactó a todo el grupo fue precisamente esto, aprender a dar un significado más amplio a la palabra generosidad.

El nuevo significado, que para algunos compañeros fue un descubrimiento calificable de Cisne Negro, fue comprender la generosidad como darse. Extraño, por el diferente sentido de la generosidad, hacia dentro, hacia uno mismo. Supone darse la oportunidad de recibir: ser generoso con uno mismo.

Es muy frecuente en los procesos de Coaching trabajar el sentido de la generosidad hacia uno mismo. Simplemente darte permiso para ser tú mismo, sin pedir a cambio nada, sin exigencias, sin condiciones, sin cláusulas de compromiso ni penalización.
A veces, el coachee busca con desazón, precisamente eso, darse permiso para reconocerse como persona valiosa digna de su propia autoestima. Pero es lo más infrecuente; lo habitual es que no sea consciente de la necesidad que tiene y justifique su malestar con excusas de todo tipo: que si no he tenido oportunidad, que si la vida, que si el trabajo, que si los demás, …, y se sumerja en su papel de víctima, y se sienta infeliz.

No estamos acostumbrados a ser generosos con nosotros mismos; todo lo contrario. Solemos vivir en la exigencia de ser más, de tener más, de ganar más, en una exigencia que condiciona nuestro ser a estar a una altura que ponemos fuera.

No estamos acostumbrados a mirar hacia nuestro interior, a explorar los límites de quién soy yo, qué es para mí lo esencial, cuáles son los valores que dan sentido a mi vida. Y, a veces, cuando lo hacemos, creemos estar siendo “egoístas”, y nos sentimos aún peor, porque al egoísmo le hemos dado un valor negativo. No tenemos una palabra que diga “ser generoso con uno mismo”. Nos falta lenguaje para ello, y sin lenguaje es difícil dar forma al pensamiento.

Cuando nos damos permiso para ser generosos con nosotros, y nos autorizamos a darnos respeto y cariño, y aceptamos como válido lo que otros nos dan, creemos descubrir una nueva realidad, una nueva forma de sentir la vida.

La generosidad hacia los demás y hacia uno mismo solo puede nacer de sentirte en una emoción capacitante como la alegría o la aceptación. Aceptar: estado de equilibrio, paz interior, zen, tao. Autoestima, felicidad, generosidad, aceptación, son facetas de lo mismo, nuestra naturaleza como personas positivas.

Estamos descubriendo una nueva frontera, y no está en el espacio, está en decidir qué personas ser.
Texto: Isabel Aranda
Fotografía: Jane Rodríguez del Tronco

martes, 26 de enero de 2010

La visión de uno mismo

¡Imaginarte en tu futuro! 
¡Soñar con ser quien quieres ser!



Es uno de los ejercicios más potentes de los que realizan los coachees en un proceso de coaching. Sueñan, despiertos, viéndose cómo son en su futuro. Proyectan a través de imágenes cómo son y qué hacen en su futuro ideal.

Con frecuencia diseñamos nuestro hacer: nuestra carrera profesional, las tareas que tenemos que realizar; pero rara vez nos paramos a diseñar la persona que queremos ser. La última vez que le dije a un coachee que eso es lo que iba a hacer con el coaching, “diseñar quién quería ser”, me contestó sorprendido: “Eso no me lo había preguntado nunca”.


A través de un ejercicio proyectivo como es el de visión, el coachee llega a definir, con mucha precisión, qué persona quiere ser en su futuro. Es un ejercicio altamente esclarecedor por su carácter gráfico, muy rápido y automático; le permite reflejar sus miedos, sus superaciones, sus fuentes de energía y sus logros.

El ejercicio en sí mismo es una fuente de inspiración y proyecta con mucho vigor nuestros deseos y decisiones habitualmente inconscientes. También identifica lo que tenemos que aprender para ser quien queremos, y curiosamente al identificarlo empezamos a aprenderlo.Y a pesar de ser tan impactante, sólo alcanza su valor definitivo cuando se expresa. Al verbalizarlo ante el coach, las emociones que subyacen brotan a borbotones, e incluso se desbordan, y gracias al papel de espejo del coach adquieren todo su significado para el coachee.

Surgen las emociones que están bloqueando al coachee y que le incapacitan para alcanzar sus objetivos, pero también aparecen las emociones y la energía que le van a capacitar para conseguirlos. A través del diálogo, el coachee llega a identificar esas emociones y trabaja con ellas hasta conseguir desplazar la energía de las emociones incapacitantes y maximizar todo el potencial de las emociones capacitantes.

Gracias al trabajo con este ejercicio, el coachee identifica con rapidez quién quiere ser y cómo alcanzarlo, se ve “en su visión”, y puede comenzar el camino para conseguirlo.

¿has diseñado ya la persona que quieres ser?


domingo, 24 de enero de 2010

Conferencia en la ICF

Como os habíamos anunciado ya, dentro de la programación de conferencias para el perfeccionamiento profesional de sus asociados, esta semana tuvo lugar en la ICF (International Coach Federation) la conferencia "¿Qué son las emociones y cómo gestionarlas con el Coaching?", impartida por una de sus socios, Isabel Aranda, Coach, Doctora en Psicología de las Organizaciones y Socia Directora de grupo tbc-aranda. 

La conferencia despertó un interés espectacular de asistencia y una prolongada ronda de preguntas, dada la importancia del tema en el Coaching y el vacío de teorías y modelos en este tema que desarrollen la capacidad profesional del coach y maximice la eficacia de los procesos de Coaching que facilita.

La conferencia ha ido desgranando los orígenes neurológicos de las emociones y su significado como respuestas automáticas. Ha ofrecido una clasificación de las emociones que añade operatividad a su entendimiento y manejo y, lo ha vinculado con el comportamiento y la “acción adaptada”, tan buscada en Coaching. Por último, ha ofrecido un modelo de actuación “emoción-acción”, que añade eficacia y rapidez al trabajo con emociones en un proceso de Coaching.

Las propuestas básicas de la conferencia fueron:
  • La emoción como dimensión básica del ser humano, en la que se inscriben el cuerpo y el pensamiento plasmado a través del lenguaje.
  • La distinción entre emociones que capacitan y emociones que incapacitan.
  • Su identificación y vinculación con determinados sentimientos, conversaciones, corporalidad y acciones.
  • La necesidad de que el proceso de Coaching alcance el nivel básico de la acción, la emoción subyacente, y facilite su cambio a una emoción más adaptada a las necesidades del coachee.
  • Modelo “emoción-acción” para facilitar lo que el Coaching consigue, resultados extraordinarios, es decir, resultados que por sí mismo el coachee no podría, o tardaría mucho, en alcanzar.

Debido a la demanda de asistentes, y la valoración de la conferencia, está prevista su repetición en próximas fechas en el mismo foro.

¡Os mantendremos informados!

Y, por supuesto, a los que vinisteis,
¡GRACIAS, DE CORAZÓN!

lunes, 18 de enero de 2010

Emociones

El miércoles próximo daré una conferencia sobre emociones y cómo se gestionan en Coaching en la ICF. Las emociones son el núcleo central de nuestra acción. ¿Cabe alguna duda?
Su origen etimológico así lo indica e-movere: “movimiento hacia”

Trabajando con Coaching te das cuenta de que siempre, en el fondo de lo que el coachee plantea, hay una emoción que origina incapacidad. Incapacidad para pensar de forma eficaz, para tomar decisiones, para hacer, para sentir, en definitiva, para vivir.

La gran dificultad que tenemos las personas es precisamente que desconocemos cuáles son las emociones y cómo las sentimos en nuestra mente y en nuestro cuerpo, y sobre todo, no nos damos cuenta de cómo la emoción determina lo que somos capaces de hacer. Las emociones, por su origen fisiológico, son respuestas automáticas, muy rápidas e inconscientes, y salvo que hagamos el ejercicio de identificar lo que sentimos, no llegamos a ser conscientes de ello.

En un proceso de Coaching, la emoción subyacente termina siendo patente, pero rara vez el coachee la identifica como tal por sí solo. Es gracias al papel que el coach ejerce, que llega con más facilidad a darse cuenta de lo que siente y cómo eso afecta a su vida. Una gran noticia, a la que el Coaching saca un provecho espectacular, es que el pensamiento genera unas sustancias, neuropéptidos, que pueden cambiar lo que sentimos y la emoción que subyace.

La emoción es el escalón básico de la escalera de pensamiento que lleva a la acción. Nos dispone en una dirección u otra, nos pone en disposición de hacer algo o no. Y esto ocurre a cada momento y en cada acción. Un ejemplo de esto: planteamos en un taller de formación un reto a dos grupos divididos al azar. El reto requería pensamiento divergente, colaboración, cercanía física, movimiento, confianza en los demás, y ¡trabajar con los ojos tapados! Estas condiciones, fuera de lo habitual para los participantes, provocaron que aflorara automáticamente su patrón emocional, o dicho de otro modo, su forma habitual de enfrentarse a la vida.

En uno de los grupos, uno de sus miembros comenzó a afirmar “esto es imposible”. Otras personas empezaron a corroborar esta afirmación. Al cabo de 15 minutos, sólo habían realizado leves intentos de probar a resolverlo y, finalmente, suspendimos el ejercicio sin que hubieran podido resolver el reto. En el grupo que actuaba en paralelo intentando resolver el mismo reto, uno de sus miembros comenzó diciendo “¡vamos allá!”, las afirmaciones que se oyeron a continuación tenían el mismo tono, “¡venga!”, “¡esto tiene que resolverse!”. No duraron mucho entre risas y bromas, lo consiguieron… ¡en sólo cuatro minutos!

Después, observando al primer grupo no podían creer lo que estaban viendo. ¡Si era tan fácil….!

Las conclusiones que pudieron extraer eran contundentes. Si tu forma de abordar el reto es desde el miedo, lo más probable es que no lo consigas. Si por el contrario, te sientes seguro de que vas a solucionarlo, ¡lo conseguirás!

Desde la experiencia de trabajo, tanto en formación como en Coaching, no nos cabe duda: la emoción más incapacitante es la ansiedad, que solemos identificar con miedo. El miedo a no ser capaz, a no saber qué hacer, a no ser aceptado, a no ser querido. Es el freno más incapacitante para una persona y, a la larga, si lo mantenemos como nuestro patrón básico para interpretar la vida, determina que vivamos a la defensiva, con todo nuestro organismo sobre-activado y sufriendo un estrés crónico. Las vivencias, interpretaciones de lo que ocurre y las decisiones que tomemos desde este estado nos pueden llevar a vivir, en palabras de los coachees, “una vida que no es mi vida”, a “no ser yo mismo”, a “no encuentro mi hueco”


¿Desde qué emoción vivimos?

Isabel Aranda
Coach - Doctora en Psicología de las Organizaciones