Especializados en acciones formativas singulares y coaching, facilitamos el desarrollo de las competencias necesarias para que una persona se sienta más capaz de alcanzar los objetivos que se propone. Sentirnos capaces hace que nos sintamos con el control de qué hacer en una situación; y eso está en la base del bienestar personal y, como consecuencia, del éxito profesional.

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lunes, 5 de abril de 2010

Emociones, Piscología y Coaching

El próximo miércoles 7 vuelvo a hablar de emociones dentro del Ciclo de Conferencias de Psicología y Coaching, que organiza el Grupo de Trabajo de Psicología y Coaching del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Un lugar privilegiado para hablar de las personas, de sus emociones y de lo que significan en su comportamiento, en su personalidad y en su vida. Al fin y al cabo ése es el material de trabajo de los psicólogos: las personas. Los psicólogos nos formamos en la ciencia de la persona, en el conocimiento de cómo somos y qué nos hace ser así. Psicólogo y Coach, menuda combinación. El conocimiento que aporta la Psicología y la práctica que aporta el método del Coaching. Como dice el lema del Grupo de trabajo, “Sin límites somos más”.

Y entre Psicólogos–Coaches, hablaré de emociones que nos capacitan para ser y para hacer. Emocionada también, y nunca mejor dicho, llena de la emoción de alegría, con la sensación del entusiasmo por hablar de aquello que me parece lo más esencial del ser humano, su capacidad para elegir lo que quiere y lo que no. Porque eso son al final las emociones, el filtro con el que mirar la vida y hacer nuestras elecciones.

Sus orígenes evolutivos lo dejan claro, nos ayudan a hacer aquello que nos permite sobrevivir. Nos ayudan a elegir aquello que nos conviene. No podemos seguir hablando de emoción o razón como facetas independientes de la persona. No es o razón o emoción. Es “razona y valora” con la emoción, porque así es cómo, en realidad, actúa nuestro cerebro, ponderando, valorando, ¡exagerando! desde la emoción.

Cuando se rompe ese vínculo entre la razón y la emoción no sabemos qué nos conviene, qué es adecuado, cómo actuar. Lo sabemos muy bien estudiando a personas cuya conexión se ha perdido por enfermedades o accidentes como el famoso de Phineas Gage (1823-1860) quien tras sufrir severos daños en el cerebro, vio gravemente alterada su capacidad para tomar decisiones y su personalidad en general.

Tenemos suerte. Es un momento casi extraordinario para el desarrollo de las personas, empezamos a comprendernos como sistemas abiertos que tienden al bienestar, a la felicidad, a la salud, al “vivir”. Es una marea inmensa que está siendo bienvenida. Había necesidad, había ganas. No más divorcios entre el deber y el ser, no más divorcios entre la razón y la emoción, no más divorcios entre el corazón y la cabeza, entre el sentir y el pensar.

Sólo tenemos que dedicarle momentos de atención y reflexión, aprender, entrenarnos en darnos cuenta de lo que sentimos, de por qué lo sentimos, de lo que nos está avisando, de cómo nos está afectando, ¿nos capacita para hacer lo que deseamos o nos lo impide?

Aunque ciertamente solos es difícil, bastante difícil, porque no tenemos referentes externos que nos faciliten la perspectiva. Somos seres sociales. Seres que ganamos nuestra identidad con los otros. Somos seres que aprendemos muy bien por imitación y mucho mejor con la facilitación, con el aprendizaje mediado por otra persona. De ahí que un entrenamiento en desarrollar la inteligencia emocional o un proceso de Coaching nos permitan romper las barreras que el desconocimiento de nuestra propia naturaleza imponen a nuestra vida.

Cuando se ha tenido la experiencia de ver como un coachee, y otro, y otro, descubren que han estado viviendo una vida limitada, coartada por una emoción que le impedía vivir plenamente, viviendo una vida plana, que no plena, y descubren que pueden cambiarla y descubren cómo hacerlo, has presenciado algo mágico. ¡Tampoco tu vida será igual!

Isabel Aranda
Doctora en Psicología de las Organizaciones
Coach ACC

lunes, 1 de febrero de 2010

Generosidad

Entendemos la generosidad como un acto hacia fuera, un dar tu dinero, tu tiempo, tus cosas a otros, sin pedir nada a cambio.

La R.A.E. lo define como 1. Inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés. 2. Largueza, liberalidad.

¡Qué escasa puede resultar esta definición si la entendemos desde una concepción positiva del hombre, y no sólo como una descripción restrictiva de lo que una persona hace!

Explorando los textos sobre generosidad, vemos que se aplica el término a dar tus recursos: dinero, trabajo y cosas, y ocasionalmente también a entender a los demás. Habitualmente entendemos generosidad como “dar sin pedir nada a cambio”. También podemos entender que el que da se siente gratificado al ver que se acepta lo que da.

En términos éticos la generosidad está bien valorada. Se asocia a la virtud de la caridad, y al altruismo, y la filantropía.
La generosidad es, sin duda, uno de los principios de la interacción humana. Junto a la ley del intercambio están en la base de la vida en grupo, y se han desarrollado gracias a esa inteligencia social que nos ha permitido ser empáticos, cooperar y vivir en sociedad.

Debido a la trascendencia que tiene para la cohesión social, los actos generosos son reforzados por los poderes sociales: partidos políticos, media, y lo convierten en un imperativo, políticamente correcto, y lo denominan solidaridad.

Esta es una generosidad dirigida hacia fuera.

¿Hay otra forma de entender la generosidad?

La Psicología Positiva pone el foco en el desarrollo y el bienestar de la persona, en cómo conseguir la felicidad y el equilibrio. La generosidad puede ser un concepto clave para ello, pero entendido de forma más amplia: dar y darse.

Generosidad es una de las distinciones básicas que utiliza el Coaching. Para muchas personas es dar un significado nuevo y extremadamente útil a esta palabra. Y tuvimos ocasión de comprobarlo cuando estudiábamos para certificarnos como Coaches. Una de las ideas que más impactó a todo el grupo fue precisamente esto, aprender a dar un significado más amplio a la palabra generosidad.

El nuevo significado, que para algunos compañeros fue un descubrimiento calificable de Cisne Negro, fue comprender la generosidad como darse. Extraño, por el diferente sentido de la generosidad, hacia dentro, hacia uno mismo. Supone darse la oportunidad de recibir: ser generoso con uno mismo.

Es muy frecuente en los procesos de Coaching trabajar el sentido de la generosidad hacia uno mismo. Simplemente darte permiso para ser tú mismo, sin pedir a cambio nada, sin exigencias, sin condiciones, sin cláusulas de compromiso ni penalización.
A veces, el coachee busca con desazón, precisamente eso, darse permiso para reconocerse como persona valiosa digna de su propia autoestima. Pero es lo más infrecuente; lo habitual es que no sea consciente de la necesidad que tiene y justifique su malestar con excusas de todo tipo: que si no he tenido oportunidad, que si la vida, que si el trabajo, que si los demás, …, y se sumerja en su papel de víctima, y se sienta infeliz.

No estamos acostumbrados a ser generosos con nosotros mismos; todo lo contrario. Solemos vivir en la exigencia de ser más, de tener más, de ganar más, en una exigencia que condiciona nuestro ser a estar a una altura que ponemos fuera.

No estamos acostumbrados a mirar hacia nuestro interior, a explorar los límites de quién soy yo, qué es para mí lo esencial, cuáles son los valores que dan sentido a mi vida. Y, a veces, cuando lo hacemos, creemos estar siendo “egoístas”, y nos sentimos aún peor, porque al egoísmo le hemos dado un valor negativo. No tenemos una palabra que diga “ser generoso con uno mismo”. Nos falta lenguaje para ello, y sin lenguaje es difícil dar forma al pensamiento.

Cuando nos damos permiso para ser generosos con nosotros, y nos autorizamos a darnos respeto y cariño, y aceptamos como válido lo que otros nos dan, creemos descubrir una nueva realidad, una nueva forma de sentir la vida.

La generosidad hacia los demás y hacia uno mismo solo puede nacer de sentirte en una emoción capacitante como la alegría o la aceptación. Aceptar: estado de equilibrio, paz interior, zen, tao. Autoestima, felicidad, generosidad, aceptación, son facetas de lo mismo, nuestra naturaleza como personas positivas.

Estamos descubriendo una nueva frontera, y no está en el espacio, está en decidir qué personas ser.
Texto: Isabel Aranda
Fotografía: Jane Rodríguez del Tronco

viernes, 6 de noviembre de 2009

Modelo In: nuestro modelo conceptual

Nuestro MODELO IN                                       
Intervención Nuclear para el Desarrollo Personal

Dicen que no hay nada más práctico que una buena teoría. Y para conseguir que nuestro trabajo sea práctico, es decir nos lleve a la acción, hemos reflexionado sobre todas aquellas explicaciones que nos llevan a trabajar como lo hacemos. Y con todas ellas, hemos elaborado el modelo teórico desde el que concebimos nuestro trabajo y lo ponemos en práctica. Y le hemos dado un nombre, por aquello de que sólo lo que tiene nombre es real: MODELO IN, Intervención nuclear para el desarrollo personal


Más allá de la dicotomía tradicional de cuerpo y mente, entendemos a la persona desde la idea antropológica de que el ser humano es multidimensional. Cuatro dimensiones: la corporal (CUERPO), la emocional (EMOCIÓN), la intelectual (manifestada en el LENGUAJE) y la espiritual (los VALORES, como cimientos de nuestro ser).

A través del PENSAR, del HACER y del SENTIR la persona se construye en un espacio virtual que concebimos como órbitas combinadas. La congruencia y sincronía perfecta generan el espacio adecuado donde la persona puede desarrollarse y realizarse plenamente. Cuando no hay sincronía o falta congruencia surge la falta de eficacia, la infelicidad y el sufrimiento.

En la órbita del PENSAR, es el lenguaje el elemento en movimiento. Con el lenguaje creamos nuestra realidad, a través de la palabra mostramos nuestro pensamiento. Precisamente por este carácter constructivista del lenguaje pueden cambiarse los juicios y creencias en los que se sustenta nuestro pensamiento a través de la conversación que facilita el coaching.

En la órbita del HACER, la fórmula que lleva a la excelencia es el resultado del saber de la persona, su capacidad para hacer algo, más su voluntad, el querer, todo ello multiplicado por el sentir, elemento potenciador de todo lo anterior. Los desajustes en la fórmula llevan a un hacer deficiente e insatisfactorio, y que desencaja su trayectoria del espacio de congruencia personal.

En la órbita del SENTIR, se unen la emoción y el cuerpo. Emoción del latín e-movere: mover hacia. Es la fuerza motriz, la energía con que se viven las situaciones, se sienten las creencias y se emiten los juicios. A través del cuerpo se manifiestan las emociones capacitantes cuando nos empoderan y nos abren posibilidades de acción, o incapacitantes cuando nos bloquean y limitan nuestro vivir.

La confluencia de las tres órbitas genera el espacio más íntimo y más personal. En este espacio se sitúa la ACTITUD con la que afrontamos la vida. Cuando es congruente abre las posibilidades para el desarrollo de “la mejor versión de la persona”. Hablamos de una persona equilibrada, asertiva, que se siente segura y capaz. En un estado emocional de aceptación o alegría. Desde esa congruencia personal se abre generosamente a la relación con el mundo.

Los tres espacios orbitales dinámicos en permanente movimiento construyen el espacio molecular de SER persona. Desde esta perspectiva, la diferenciación entre ser y hacer es clara. El hacer sólo es una de las dimensiones. El ser lo es todo en conjunto. Si cambia el ser cambia todo.

Y lo que le da al conjunto la fuerza son los VALORES en los que se fundamenta el ser. Son los valores los que dan el acabado al ser. Aspecto rugoso, pulido, aterciopelado,… Son los valores los que dan la calidad a la persona.

Y el ser no existe por sí mismo. Como el sistema abierto que es, su existencia adquiere sentido a través de la relación con el mundo. Las capacidades que nos otorga la inteligencia social nos permiten relacionarnos con los demás, empatizar, comunicarnos, colaborar, negociar.

Y estas relaciones sociales surgen con fluidez, en el sentido que definió Mihail Csikszentmihalyi el fluir, sólo cuando en el espacio de congruencia personal están alineadas las tres órbitas: FLUIR desde uno mismo en generosa relación con los demás, para INFLUIR en otros desde nuestro ser, no sólo con el hacer, y CONFLUIR con aquellos que colaboramos en las metas que nos proponemos.

Desde el núcleo, desde sentirse capaz, es desde donde entendemos el desarrollo personal a través de la formación y el coaching. De ahí surgirá el fluir y la excelencia. Decía Brownie Wise (1913-1992), la mujer que lanzó al éxito mundial el tupperware “Construye personas y ellas construirán un negocio para ti”

Modelo grupo tbc-aranda / CopyLeft
Isabel Aranda
Jane Rodríguez del Tronco

Educcare: Sacar lo mejor que uno lleva dentro

Sacar de adentro de las personas es hacer que el potencial que llevamos dentro se convierta en una realidad. ¡Conseguir la mejor versión de uno mismo! Y eso precisamente es lo que significa “educcare” (lat.), sacar de adentro de las personas.

Cuando decíamos en uno de nuestros cursos que de eso se trata, de llegar a ser lo que podemos ser, alguien con mucha ironía nos dijo: “Me vas a decir ahora que las personas somos como una patata, se trata de brotar, ¿no?” ¡Sí!, ¡se trata de brotar y crecer, y florecer, y dar frutos!, y, al final, ¡ser una patata más enriquecida y más grande! Tampoco es tan difícil. Si una patata lo hace, nosotros podemos hacerlo, ¿no? Este punto de humor resalta precisamente la seriedad y certeza del planteamiento.

Es una ley de la vida: la mejora constante, la evolución. Todas las células de nuestro cuerpo están en constante cambio, ¿Y nuestra mente? ¿También está en cambio? Claro que sí. Lo que marca la diferencia no es el cambio tal cual, sino el cambio deliberado, decidido, voluntario y orientado a la mejora, a conseguir la mejor versión de uno mismo.

Y para ello, hay que sacar el potencial que uno lleva dentro, y eso supone aprender a ser y supone aprender a hacer.

La UNESCO en su informe sobre la educación del siglo XXI, plantea “las 4 A del aprendizaje”, como las vías para el desarrollo de la persona:
  • Aprender a ser el individuo único que cada uno es
  • Aprender a aprender con eficacia
  • Aprender a hacer para el trabajo
  • Aprender a convivir con los desafíos de tipo social
Desarrollar las 4As lleva a las personas a sentirse más seguras y más capaces ante sí mismas y ante su entorno. Para eso trabajamos en formación, para facilitar que las personas se sientan más seguras y más capaces. ¡Y cómo nos sentimos al lograrlo! Las 4 As son cuatro líneas de acción interdependientes para dar forma a ese “sacar de adentro”.

Aprender a ser el individuo único que cada uno es: ¡cuántas veces en nuestros cursos palpamos la incertidumbre, la duda, el desconocimiento de que puedes ser un individuo único, especial y… magnífico! Iniciamos nuestros talleres de “+Actitud+” y “Logro” preguntando precisamente “¿qué te hace único?”. Y la respuesta, el 90% de las veces, es… “¡no sé!” “yo no soy ni único, ni especial” ¡Increíble!, ¿verdad? ¡Ser una persona adulta y no ser consciente de quién y cómo eres! A lo más, nos responden a través de los comentarios que les dicen los demás.

Con frecuencia se confunde “ser uno mismo y hacer lo que quieres” y dar prioridad a tu ego de forma vanidosa y egoísta. No, no se trata de eso. Se trata de conocerte; en el sentido socrático, de identificarte como ser único, con una combinación de capacidades, de sensibilidades, de experiencias, de aprendizajes, única. Conocer tus predisposiciones, pensamientos y, también, tus emociones; poner nombre a tus valores y darte cuenta de las creencias que están sustentando lo que dices y lo que haces. Se trata de explorar adónde te puede llevar esa combinación única y especial, aceptarla y cuestionarla, recrearla, y emprender el camino. Una persona sola puede hacer este camino por sí misma. Es un aprendizaje ontológico, sobre el ser que somos. Sin embargo, el “aprendizaje mediado” que facilita la formación y el coaching hace que la autoimagen y la autoestima puedan desarrollarse con más intensidad y en menor tiempo. Al final, ser el individuo que cada uno es significa sentirse más capaz para vivir.

Aprender a aprender con eficacia: Aprender a motivarte para conseguir objetivos, para orientarte a logros y ser más capaz de conseguirlos. Añadimos nosotros después de nuestra experiencia como coaches: “aprender a aprender con eficacia y eficiencia”. Conseguir focalizar tu esfuerzo en alcanzar tus objetivos y alcanzarlos con equilibrio entre la dedicación y los resultados, sin caer en la obsesión, ni quedarse en la dejadez. Claro que esto pasa por definir previamente objetivos retadores, alcanzables y medibles, y establecer un plan para conseguirlos.

Aprender a hacer para el trabajo: Imprescindible aprender, y aprender técnicas para hacer nuestro trabajo, que nos permitan ser más eficaces y eficientes. Es un aprendizaje ligado al hacer, a nuestra actividad, más fácil, palpable y operativo. Sin embargo, hay potentes frenos para este aprendizaje. La realidad de nuestro trabajo de formadores nos revela que dejamos de aprender en el trabajo por comodidad y conformismo, y que nos cuesta mucho desaprender para volver a aprender. Y los adultos tenemos que dejar de hacer lo que estamos haciendo para hacer sitio a nuevas formas de hacerlo. Cambiar un hábito por otro, una rutina por otra. Desaprender para aprender. Darse permiso para cambiar y experimentar nuevas formas de hacer las cosas es el auténtico reto al que vemos se enfrentan los participantes en nuestros cursos. Lo fácil es conocer una técnica; lo difícil es decidirse a ponerla en práctica. Y ése es el gran reto en la formación de habilidades, conseguir que las personas se den permiso para ponerlo en práctica.

Aprender a convivir con los desafíos de tipo social: Este aprendizaje es el vinculado al desarrollo de la inteligencia social, que nos permite relacionarnos con los demás. Implica ser capaces de empatizar, comunicarnos y cooperar con los demás. Dicen los especialistas que esta inteligencia es la que ha requerido más consumo de energía y más espacio cerebral en nuestra evolución como especie. Se trata de aprender a comunicarnos, liderar, negociar, trabajar en equipo, superar los conflictos, en definitiva, convivir aceptando y valorando la diversidad y la diferencia como fuentes de enriquecimiento y oportunidades. Este aprendizaje nos ha permitido como especie cooperar y evolucionar en sociedad. Actualmente en las Organizaciones la necesidad mayor es precisamente el desarrollo de este aprendizaje para conseguir un mayor nivel de capacidad en las competencias sociales.

Todos estos aprendizajes son complementarios. Tenemos que aprender una técnica y también la actitud con la que abordamos esa técnica. Juntos nos llevan por los caminos del crecimiento personal, de ser cada vez más capaz, de ese reto supremo de llegar a ser lo que realmente podemos ser: “la mejor versión de nosotros mismos”.

Siempre afirmamos que nuestro trabajo de formación es un privilegio. Dedicarnos a facilitar que otros consigan el reto de buscar la mejor versión de sí mismos, da un sentido especial a lo que hacemos, pero también a cómo vivimos. Nuestro gran reto no es sacar de otros, es sacar de nosotros mismos para ser capaces de transmitir el entusiasmo y la energía que otros precisan simplemente para “darse permiso” y ser ellos mismos.

No puede separarse el hacer del ser. La coherencia necesaria para ayudar a otros a ser más capaces sólo puede partir del equilibrio interno que genera el convencimiento absoluto de que lo que hacemos merece la pena ser hecho.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Aprender a negociar (1ª parte)

"No podemos volver atrás y hacer un nuevo comienzo,
mas siempre podemos recomenzar y hacer un nuevo final"
Ayrton Senna


“El paradigma de la escasez”

Nos gusta mucho la negociación y trabajamos mucho formando a profesionales en esta habilidad tan necesaria para el trabajo en equipo, los negocios y la vida social.

Negociar es una de las habilidades de la Inteligencia Social que nos permite convivir y colaborar. Podríamos decir que es la más evolucionada, saca lo mejor de nosotros mismos a la vez que nos exige mucho. También que es la más difícil, ya que se trata de conseguir que otra persona haga algo que nos resulte beneficioso. Hay que entender en qué principios se fundamenta y conocer cuáles son las estrategias y las técnicas más eficaces. Y sin embargo, esto no es suficiente para negociar con efectividad. El conocimiento de uno mismo es imprescindible para saber cuáles son nuestras debilidades ante esta situación, y esto suele dejarse a un lado. Y sin él no es posible negociar eficazmente.

La negociación es una situación extraordinaria; a flor de piel las emociones, las defensas, los nervios de no sentirse capaz, e incluso de sentirse vencido previamente. La negociación es el escenario más complejo de la relación entre las personas. Es una situación donde la tensión cooperación - competición es constante. Es una situación donde la confianza – desconfianza no necesariamente se basan en hechos objetivos, sino que provienen, con frecuencia, de experiencias anteriores, de creencias y asociaciones inconscientes. Negociar no es dar argumentos para convencer. Es bastante más.



En los cursos de negociación que impartimos, tenemos una situación privilegiada para observar y conocer cómo reaccionamos las personas en la situación de negociación. Lo habitual es que los negociadores no sean conscientes de sus propios frenos; y lo habitual, también, es que entiendan la negociación, o como un enfrentamiento, o como un regateo. Y al igual que ocurre con el continuo estratégico de la negociación donde hay un amplio repertorio de conductas entre el polo de las posiciones y el polo de los intereses, también aquí se produce un continuo de reacciones entre el inmovilismo y la voluntad de cambio y aprendizaje.

Muchas personas temen las situaciones de negociación, porque las asocian con situaciones de cesión, de pérdida. Se sitúan en una zona de confort de escasez y se parapetan tras la creencia de que no es posible conseguir un escenario mejor. Entonces, automáticamente, la emoción que en ellos se genera es la del miedo, miedo a perder su escenario de confort de escasez. Y desde el miedo, se percibe a los demás como enemigos, de los que tenemos que protegernos, ya que nos pueden sacar de dicha zona de confort y quitarnos parte de nuestra escasez.

Enseñar técnicas de negociación en estas circunstancias resulta poco menos que inútil. Es como intentar que abonen las semillas en un terreno seco, duro y pedregoso. Difícilmente lo harán.

En este paradigma de la escasez, las estrategias de reacción son variadas.
Algunas personas reaccionan enrocándose en su zona de confort y en su creencia de que nunca podrán superar sus barreras, por ejemplo, ante las objeciones, el regateo o el cierre del acuerdo; o pueden llegar a pensar incluso que no necesitan superar nada. Concentran toda su energía en mantenerse donde están y en no perder lo que han conseguido. Defienden sus viejas técnicas, vinculadas a la cesión, al engaño, la sumisión, e incluso la manipulación, porque les han servido para estar donde están. Juegan a no perder.

Hay personas que tratan de convencerse a sí mismas de que van a intentar emplear alguna técnica, aunque de antemano saben el resultado, “demasiado difícil”, “será imposible”, “no me van a dejar ni pensar en ello”. Tratan con ello de justificar su inmovilismo, eligen mantenerse en su caja de confort porque ése es el espacio seguro al que están acostumbrados, y echan la responsabilidad de su no aprendizaje a otros.

Otras defienden su área de confort, intentando ampliar sus márgenes. Concentran toda su energía en maximizar su beneficio a costa del otro con el que negocian. Tratan de hacerse con el trozo más grande de la tarta. Para ellos sólo puede haber ganadores y perdedores, y no están dispuestos a ser los perdedores. Esta estrategia ganar – perder, en la que lo que uno gana es a costa de lo que el otro pierde, es muy peligrosa en las relaciones empresariales continuadas, ya que en el perdedor se genera resentimiento, y en cuanto pueda tratará de resarcirse.

El paradigma de la escasez lleva a seguir estrategias defensivas que nos bloquean y nos incapacitan para hacer cosas nuevas o más eficaces.

Isabel Aranda
Doctora en Psicología Social y de las Organizaciones
Executive Coach
Experta en Negociación

sábado, 11 de julio de 2009

Nuestro aprendizaje

Muchas y muy variadas han sido las oportunidades de aprender ideas, perspectivas y técnicas que nos han ayudado a evolucionar estos días. Desde las presentaciones en Expomanagement de Élogos e Isavia, a las conferencias de la ICF y las presentaciones del COP.

Dos han sido nuestros puntos de inflexión, que queremos destacar aquí:

En Expomanagement, la conferencia “El factor humano: la inteligencia social” de Ignacio Martínez Mendizábal, especialista en el campo de la evolución humana, por hacernos valorar lo que de especial tenemos los humanos y el significado evolutivo de la colaboración.

Y la conferencia en ICF de Luis Picazo y Rosa Zappino sobre “El poder de la persona”. Un reconocimiento a los orígenes del Coaching en la Psicología humanista y concretamente al trabajo de Carl Rogers, con su “terapia centrada en el cliente”. Paradigmas, métodos, modelos, ¿para qué no reconocer que en Coaching ciertamente seguimos sus pasos?